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dimarts, 10 de desembre de 2013

sobre la teoría Gaia.

Hola companys, compartisc amb vosaltres un fragment de l´últim llibre que m'estic llegint. Espere que vos resulte estimulant. Salut!

Sobre la teoría Gaia:

“Las larvas acuáticas de ciertos insectos constituyen, en ciertas temporadas, gran parte del alimento de los peces de agua dulce, mientras que otras larvas predan las huevas e incluso las crías jóvenes de sus predadores. Las larvas de mosquito y jején son el alimento preferido de las truchas en las regiones boscosas donde esos insectos abundan. A principios de año, la trucha se alimenta de larvas de efímera, insecto a su vez muy destructor de las huevas de salmón. De esta manera, la destrucción del mosquito que sirve de alimento a la trucha que preda a la efímera que destruye las huevas del salmón que cría el gastrónomo, puede ocasionar una escasez del último pez en aguas donde, de otro modo, abundaría. Toda la naturaleza está unida por lazos invisibles y cada criatura orgánica, por más elemental, frágil o dependiente que sea, es necesaria para el bienestar de otra dentro de la miríada de formas de vida con que el Creador ha poblado la Tierra (Marsh, 1965, p. 96).

¿Cuál es la causa de la frustración del gastrónomo? ¿Por qué se ha visto privado de su salmón? La respuesta obvia es que la efímera se ha comido las huevas. Pero, ¿es ésta una causa suficiente? No, pues las efímeras no hubiesen sido un problema de existir suficientes truchas que las comieran. Por lo tanto, la ausencia de la cantidad apropiada de truchas es otra causa del triste hecho, aunque tampoco suficiente, pues si en la zona hubiesen existido suficientes larvas de mosquito, las truchas no habrían emigrado. Por lo que la ausencia de mosquitos también puede considerarse causa, pero tampoco suficiente, ya que si los seres humanos no hubiesen matado a los mosquitos, habría larvas suficientes. Resulta entonces claro que debemos considerar el problema con mayor profundidad. Para comenzar, en otro tiempo los habitantes de la región se las arreglaban bien con los mosquitos. ¿Por qué ya no? Tal vez llegaron a la zona personas particularmente sensibles a las picaduras de mosquitos o tal vez una compañía química haya persuadido a la población de librarse de los insectos, que de otra forma habrían tolerado,  fumigándolos con un insecticida producido, precisamente, por esa compañía. Pero, ¿cómo puede la gente ser tan estúpida como para envenenar su medio ambiente con insecticidas cancerígenos? ¿Por qué se permite que las compañías químicas los produzcan? Responder a estas preguntas implica describir la naturaleza de nuestra sociedad industrial y el modo en que llegó a existir.

De lo dicho hasta aquí surge con claridad que en esta sociedad resulta política y comercialmente conveniente tomar como determinante la causa más inmediata e ignorar el resto. Se justifica así el tratamiento más superficial posible, a fin de adecuarlo a las estructuras sociales y económicas de las que hemos llegado a depender para satisfacer nuestros intereses a corto plazo. Esta estrechez técnica es la cotización en bolsa de las corporaciones en que se organiza nuestra sociedad. Si se interpreta que la causa de los daños a los cultivos es una determinada plaga, se justifica una guerra contra ella (lo cual conviene a los fabricantes de plaguicidas), si se interpreta que la causa de una enfermedad infecciosa es un determinado microorganismo, se justifica el uso de antibióticos para eliminarlo (lo cual conviene a la industria farmacéutica). La adopción de estas soluciones estimula además otras actividades comerciales, como las finanzas, el transporte y el comercio, que proporcionan empleos, contribuyen a las cuentas con impuestos fiscales y, al menos por un tiempo, incrementan el bienestar material.

Sin embargo, los recursos tecnológicos sólo resuelven problemas tecnológicos. No revierten la perturbación de los sistemas naturales. Por el contrario, al aliviar los síntomas hacen que los problemas sean más tolerables y en consecuencia los perpetúan... Es imposible comprender los desalentadores problemas que enfrentamos hoy en términos del estrecho concepto científico de causalidad. Éstos deben ser estudiados dentro de su contexto ecosférico total. Cuando hacemos esto último surge con claridad que no podemos resolver nuestros problemas con medios tecnológicos (que sólo tratan los síntomas), sino refiriéndonos a los desajustes sociales y ecológicos subyacentes. Esto significa producir cambios fundamentales en nuestra sociedad y en nuestra economía, y en su relación con nuestra degradad ecosfera, de modo que la preservación de su orden crítico se convierta en nuestra prioridad.

‘El Tao de la Ecología’, Edward Goldsmith

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